domingo, 8 de agosto de 2010

.:Capítulo 2:.

Fiestas, tragos y más...

Había ido de compras con Lilith y se había comprado un corto vestido azul oscuro.

Ahora que ya no vivía con su madre, tenía su propio departamento en la avenida Franklin. Cuando se había terminado de bañar, el timbre sonó.

-Ya voy.-gritó desde el cuarto de baño.

Se envolvió con una toalla negra, y, goteando agua por todo el living, abrió la puerta. Allí, con la mirada perdida pero firme, estaba Lucifer. Nunca lo había admirado realmente, ella había visto el término "fiesta" seguido de "bebidas" , como la vía de escape de su pozo sin fin, la fuente del optimismo.

-Eemm...-dudó Candy en el umbral de la puerta.-¿Quieres pasar?

Los ahora grisáseos ojos de Lucifer y los marrón negruzco de Candy establecieron un contacto visual que transmitiía emociones fuertes. Desde soberbia hasta el sentimiento más sublime tuvo lugar en esa mirada.

Al final, él pasó dentro y se sentó en el sofá mientras ella se vestía.

-Sorpréndete si quieres, pues será la primera y última vez que me veas con un vestido. Yo sólo uso el uniforme del instituto y chándales.-le gritó desde su habitación.

Cuando salió ya llevaba su vestido azul marino  y unos tacos a juego. Llegaron al Magic, el cual estaba repleto de gente, tanto humanos, como hombres lobo, vampiros, demonios y otros. Candy había olvidado por completo que ese miércoles había acordado ir con Jesse a ese mismo lugar, pero de seguro él también lo había olvidado, pensó desdeñosamente.

Dentro del lugar, luces de colores parpadeaban incohibidamente y las bebidas mágicas pasaban ante sus ojos con un toque prohibido. Luego de haber dado fin a un hipnotizante contacto visual con un vampiro de la barra, la mirada de Cand terminó por encontrarse con la de Jesse Shadow. ¿Es que ese chico la seguía a todos lados? No podía simplemente desaparecer? Noo, eso sería demasiado favor.

-Voy a buscar a Lilith.-mintió a Lucifer.

Se acercó al baño de mujeres, asegurándose que no había nadie dentro y entró despreocupadamente. Abrió la cartera y empezó a, tranquilamente, buscar algo, no parecía encontrarlo entonces empezó a revolver con desesperación.

De repente, con un rechinar, una de las puertas tras ella se abrió dejando ver Jesse apoyado en el marco mirando con curiosidad un tubo color marrón de pastillas.

-¿Qué crees que son? Pueden ser drogas, sedanntes o un regalo especial para un acompañante masculino.-dijo sin desviar la vista del envase.-¿Tú que dices? Yo creo que son drogas, pero también puede que sea lo último.-le dijo con complicidad, la cual se convirtió en sorna y luego en falsa, y evidente, preocupación.-Oh, ¿no será tuyo, verdad?

-Oh, adivinaste.-le replicó antipáticamente ella con el mismo tono que había usado él.-¿Me las devuelves, porfiis?-le dijo coqueteándole, mientras le pestañeaba.
-Ay, Cand.-suspiró. Parecía haberse quedado taciturno, pensativo. Entonces se recompuso y empezó a darle vueltas a las pastillas.

-¿Son drogas, no?-dijo burlona y acusadoramente.

-No.-respondió entre dientes.-Son pastillas para anemia, Sherlock.

-Eso puede significar que eres una drogadicta.

No soy drogadicta!-le gritó. Pobre Cand, justo en ese momento pasó una niña rubia con el pelo recogido en una coleta de aspecto inocente. Primero la miró a ella y luego a Jesse, quien le sonrió cautivante. Eso terminó de indignar a Candy,que se acercó a él y lo empujó hacia dentro del lavabo cerrando la puerta tras sí. Ahí dentro no había mucho espacio, y sus cuerpos estaban pegados. Ella sacó  de su bolso su brillo y comenzó a colocarselo en los labios, provocando a Jesse para que le devolviera las pastillas.

-Así que ahora sales con Eileen,-dijo sin dejar de pintarse, mirándose en un espejo imaginario.-otra vez.-terminó con fastidio.

-Con que por ahí va el tema.-le dijo él con una sonrisilla.

-¿Qué tema?-dijo con una sonrisa en la comisura de los labios.

-El de que te estás muriendo de celos. Eso te consume como brasas.-dijo arrogante.

-¿Celos?-inquirió ella inocentemente, guardando el labial.

-¿Qué, parece algo demasiado... sucio para admitirlo?

-A mi me parece-sin terminar la frase cortó la distancia que los separaba.-que lo único sucio aquí es la distancia que nos separa.

-Separaba, princesa.

Era sólo una táctica de distracción, sñolo unos segundos y ya. Cuando Jesse desvió la mirada por un momento Candy le arrebató el pastillero de la mano.

-¡Hey!

Ella le sacó la lengua traviesa. Alguien tocó la puerta.

-Cand, Lu me dijo que estabas aquí.-le dijo Lilith desde afuera.

En el instituto había unos duendes que eran sordos y como ella no tenía nada para hacer, aprendió el idioma sordo-mudo en uno de sus famosos castigos.

-No puedes sacarla?-le dijo con señas.

Jesse negó.

-Maldición! Vale, estate callado, Shadow.-le dijo en ese idioma tan cautivante.

-Cállate tú, Thomson.-le respondió él con señas.

-¿Candy?-preguntó Lilith.

-Ehmm...¿si? Ya salgo, Lith.-le respondió ella.

-Oh, vale. Te espero fuera.

-Jesse, deberías irte.-le dijo Cand al chico. Él negó.-Ay, Shadowª¿Qué es lo que tengo que hacer para que me dejes vivir mi vida en paz?

-Salir conmigo el viernes.

-Vale.-dijo ella quien lo besó fugazmente y se fue.

Cuando salió volvió a mentir, ahora diciendo que se sentía mal y que iba a volver a su casa. Rechazando el ofrecimiento de Lucifer por llevarla, se fue en taxi para alla.

Llegó al apartamento y todo estaba raramente oscuro. Antes de, al menos, poner una mano en la llave de la luz, la lámpara de indonesia se prendió dejando entreveer a la figura de un hombre en el sofá.

-Buenas noches, Candy.

Buenas Noticiaas! =)

Bueeeno Chiqiis me agarró la loka y les cuento que vooy a continuar la historia de Candy ^__^ Asi que como compensación voy a publicar muchos capitulos seguidos ...

Saludoss...

Sugar!